jueves, 30 de abril de 2026

 


Bécquer   desamor

XXXVIII

Los suspiros son aire, y van al aire.

Las lágrimas son agua, y van al mar.

Dime, mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú a dónde va?


XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima

a mi labio una frase de perdón;

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor

yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”

y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

XXXI

Nuestra pasión fue un trágico sainete,

en cuya absurda fábula

lo cómico y lo grave confundidos

risas y llanto arrancan.

Pero fue lo peor de aquella historia

que al fin de la jornada,

a ella tocaron lágrimas y risas,

¡y a mí sólo las lágrimas!



XLI

Tú eras el huracán, y yo la alta

torre que desafía su poder:

¡tenías, que estrellarte o abatirme!

¡No pudo ser!

Tú eras el oceano, y yo la enhiesta

roca que firme aguarda a su vaivén:

¡tenías que romperte o que arrancarme...!

¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados

uno a arrollar, el otro a no ceder;

la senda estrecha, inevitable el choque...

¡No pudo ser!

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