Bécquer desamor
XXXVIII
Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?
XXX
Asomaba a sus ojos una lágrima
a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor
yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”
y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”
XXXI
Nuestra pasión fue un trágico sainete,
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada,
a ella tocaron lágrimas y risas,
¡y a mí sólo las lágrimas!
XLI
Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías, que estrellarte o abatirme!
¡No pudo ser!
Tú eras el oceano, y yo la enhiesta
roca que firme aguarda a su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme...!
¡No pudo ser!
Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No pudo ser!
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