lunes, 26 de enero de 2026

Garcilaso de la Vega

 Garcilaso de la Vega y la poesía renacentista


Garcilaso nace hacia 1501, en el seno de una noble familia castellana, e ingresa en la corte del emperador Carlos I.


Prototipo de hombre renacentista, conjuga su actividad militar con su afición a las letras. En efecto, toma parte en numerosas batallas, pero a la vez, animado por su amigo Boscán, se suma a la corriente poética petrarquista y adapta la nueva métrica y la nueva temática del amor neoplatónico al lenguaje poético castellano.
Es autor de treinta y ocho sonetos, tres églogas, cinco canciones, dos elegías, una epístola y algunas composiciones breves de metro castellano. Su obra, escrita entre 1526 y 1535, fue publicada en 1543, siete años después de su muerte, por Boscán.

Muchas de sus composiciones reflejan la pasión de Garcilaso por la dama portuguesa Isabel Freyre, de quien el poeta, a pesar de estar casado, se enamoró en 1526. La muerte de la joven, en 1533, le afectó profundamente.

Muere en 1536.


Garcilaso de la Vega

Soneto V: "Escrito está en mi alma vuestro gesto..."



Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribistes, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.



Garcilaso 1991   Luis García Montero

Mi alma os ha cortado a su medida,
dice ahora el poema,
con palabras que fueron escritas en un tiempo
de amores cortesanos.

Y en esta habitación del siglo XX,
muy a finales ya,
preparando la clase de mañana,
regresan las palabras sin rumor de caballos,
sin vestidos de corte,
sin palacios.
Junto a Bagdad herido por el fuego,
mi alma te ha cortado a tu medida.

Todo cesa de pronto y te imagino
en la ciudad, tu coche, tus vaqueros,
la ley de tus edades,
y tengo miedo de quererte en falso,
porque no sé vivir sino en la apuesta,
abrasado por llamas que arden sin quemarnos
y que son realidad,
aunque los ojos miren la distancia
en los televisores.

A través de los siglos,
saltando por encima de todas las catástrofes,
por encima de títulos y fechas,
las palabras retornan al mundo de los seres vivos,
preguntan por su casa.

Ya sé que no es eterna la poesía,
pero sabe cambiar junto a nosotros,
aparecer vestida con vaqueros,
apoyarse en el hombre que se inventa un amor
y que sufre de amor
cuando está solo.

(Texto tomado de: Habitaciones separadas, 1993. Luis García Montero

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